"Caminante, se hace camino al andar." Cada
caminante hace suyo el camino, y crea su propia historia,
en cada paso, en cada pueblo...
Y cada municipio tiene su historia, cultura, tradiciones,
leyendas...
Aquí puedes conocer lo más destacado
de cada localidad.
En el mapa, pulse sobre la localidad de la que
desee más información.
LOGROÑO
Logroño es capital de la Comunidad Autónoma
de La Rioja. El último Padrón cuantifica
sus habitantes en torno a 140.000.
Se sitúa en la margen derecha del Ebro. El
nombre de Lucronio aparece en textos del año
956, y desde mediados del siglo XI, cuando se va configurando
el "Camino de Santiago", empieza a destacar
como villa, como se reconoce en el Fuero de Logroño
de 1095.
Entre el siglo XII y XV se fue formando un núcleo
urbano paralelo al Ebro típico de una "ciudad
del Camino". Según el "Padrón
de la Moneda Forada de 1454" un 83 % de sus 711
vecinos se dedican a la agricultura, un 11% a la artesanía
y el resto al sector terciario.
El inicio del despegue urbano se sitúa hacia
finales del siglo XV, conviertiéndose en ciudad
(título de Juan II de Castilla en 1444 con
derecho a enviar Procuradores a Cortes de Castilla)
defensiva frente a Navarra y todo el norte, destacando
su papel en la invasión que en 1521 hizo el
Rey de Francia Francisco I; así como en la
represión de las conducta heterodoxas, por
su Tribunal de la Inquisición creado en 1570.
Y en esta situación permanece hasta 1833,
cuando, previo el ensayo de los dos años del
Trienio Liberal, Logroño se convierte en capital
de provincia, pasando lentamente a ser la ciudad más
destacada de La Rioja. Su crecimiento demográfico
y económico fue, sin embargo, tan lento, que
hasta los años treinta del siglo XX no superó
los treinta mil habitantes. Hoy es el centro económico
principal de la región.
A 9 kilómetros de Logroño la villa
de Navarrete que, desde la concesión del fuero
por Alfonso VIII en 1195, se convirtió en una
importante plaza fuerte frente a Navarra. Han desaparecido
el castillo y casi la totalidad de las muralla sin
embargo, su organización urbana, con sus calles
concéntricas sobre la ladera del monte, sigue
ofreciendo un aguerrido aspecto en el que sobresale
la imponente mole de la Iglesia parroquial,edificada
en el siglo XVI, sobre el cerro Tedeón.
La iglesia es un proyecto de Juan de Vallejo, iniciando
su construcción Hernando de Minorza y acabandose
en el XVII por Juan Pedro de Solarte.
La portada constituye un retablo de dos cuerpos
divididos en dos calles, en cada una de las cuales
hay un portón en el cuerpo inferior y una ventana
en el superior. También las columnas que las
separan difieren entre la parte inferior, jónicas,
y la superior, corintias. El retablo está coronado,
en la hornacina, por una imagen de la Asunción,
que da nombre a la iglesia. En su visita a Navarrete,
Jovellanos estimó su diseño como obra
de Herrera, constructor del escorial; Sin embargo,
es sabido que el autor es Aguilera, y que sus honorarios
fueron de 24.000 ducados.
La planta de la iglesia consta de tres naves. La
central es más alta que las laterales, las
cuales terminan de sendas capillas -dedicadas a San
José y Nuestra Señora del Rosario- de
bóvedas de horno y cañón casetonado
con decoración renacentista y columnas corintias.
El retablo barroco consta de tres cuerpos con cinco
calles separadas por columnas salomónicas,
cuajadas de uvas doradas. El cuerpo superior es una
representación de la Asunción de la
Virgen. En la calle central hay un crucufijo del S.XVI.
Consta, en la parte inferior, de banco que, en cualquier
otro retablo menos espectacular, habría de
ser considerado el primer cuerpo del retablo.
A los pies de la iglesia se encuentra la torre con
tres cuerpos y chapitel piramidal en sillería.
El primer cuerpo, con decoración de resalte;
el segundo, con doble orden de vanos adintelados enmarcados
bajo frontón recto en el vano inferior y curvo
en el superior; y el tercero, con huecos de campanas
entre pilastras pareadas. La construyó Pedro
de Aguilera, creando un prototipo clasicista de que
tendría un gran impacto a lo largo del siglo
XVII
Recorriendo sus calles, con sus «cocinillos»
-las traseras de las casas vuelan por encima de la
vía, convirtiéndola en calle cubierta-,
nos encontramos con numerosas referencias a los temas
jacobeos. Una de las puertas de la población
recibe el nombre de Santiago. La imagen del Apóstol
campea como Matamoros en una estela pétrea
sobre la fachada, parece labrada en el siglo XVI.
Las fachadas de las casas de las Calle Mayor, Alta
y Baja, Santiago y La Cruz, jalonadas de escudos de
armas, nos informan de la alcurnia de los antiguos
moradores de la Villa. Se conservan más de
cincuenta escudos, lo que no es poco para una población
tan pequeña. Muchos de los blasones muestran
veneras y aspas. Un capitel de factura gótica,
encastrado en una pared moderna, representa el torneo
de Roldán y Ferragut.
Las primeras menciones documentales de la localidad
datan del siglo XI. Sandoval, en su "Historia
del Monasterio de San Millán", recoge
un diploma por el que el rey de Nájera, Sancho
III el Mayor (1000 - 1035) concede el señorío
del lugar de Ventosa al Monasterio de San Millán
el año de 1020. También se hace mención
de esta villa en el famosísimo fuero de Nájera,
fundamento de la organización municipal española,
otorgado por el mismo monarca a principios del siglo
XI, y en el fuero de Logroño concedido por
Alfonso VI en el año 1095.
En diferentes donaciones reales de este siglo, se
alude a un barrio de Ventosa, llamado Troseca y situado
entre las villas de Santa Coloma, Ventosa y Manjarrés.
Troseca fue donado por el rey García IV el
de Nájera en 1046 a su esposa Doña Estefanía,
y el mismo año de la muerte del monarca en
la batalla de Atapuerca (1054), la reina viuda lo
incorporó al monasterio de Santa María
de Nájera. El año 1049, con motivo de
la donación realizada por García el
de Nájera del monasterio de Pedroso al de San
Millán, el monarca recibe de los vasallos del
monasterio "80 vacas, 600 carneros, 100 puercos
para que permanezcan libres dichos vasallos en otra
potestad"; Sandoval añade que uno de los
tributos que le debían al rey los vecinos de
Badarán , Cordovín, Terrero y Ventosa
consistía en llevar madera para la construcción
de los Palacios Reales de Nájera, donde tenía
su corte este monarca.
Los estudios arqueológicos señalan
una densa ocupación prehistórica de
los cerros que bordean la ciudad actual y de los situados
en su término municipal, al menos desde la
Edad del Bronce. Durante la Edad del Hierro se aprecia
un continuado proceso de concentración de la
población que desembocará en la aparición
de poblados más complejos compuestos por viviendas
rectangulares parcialmente excavadas en la roca, construidas
con entramados de madera y adobes (Cerro Molino).
Estos poblados celtibéricos que encuentran,
y a veces destruyen, los conquistadores romanos se
corresponden a los pobladores berones que citan las
fuentes clásicas.
Durante el periodo romano, la Nájera actual
forma parte de Tritium (Tricio), localidad situada
a dos kilómetros. Tritium fue desde mediados
del s.I y hasta el s. VI el principal centro alfarero
peninsular. Sus cerámicas se distribuyeron
profusamente por toda Hispania y las provincias del
Mediterráneo occidental. Los alfares y las
villas romanas se extendían por todo su entrono
y se encuentran, incluso, dentro del actual casco
urbano najerino.
Bajo dominio musulmán se levanta un castillo
refugio en la cumbre del cerro que domina Nájera,
plaza que será fundamental en el control de
La Rioja Alta y de la frontera cristiana.
Azofra, noble villa riojana, de orígenes árabes,
está situada en el fertil valle del río
Tuerto, a 36 kms. de Logroño y 8 de Nájera.
Actualmente tiene 347 habitantes. Su actividad económica
se centra en la agricultura principalmente, viñedo,
cereal,remolacha y patatas. También dispone
de alguna ganadería de ovino y porcino. Y la
industria najerina aporta algunos empleos a la economía
local.
La iglesia del pueblo dedicada a Nuestra Señora
de los Ángeles fue edificada en los s. XVII-XVIII.
Consta de nave de tres tramos y torre almenada. Su
altar mayor está compuesto de retablo de tres
cuerpos y ático de mediados del s.XVII. En
el primero San José,San Roque y María
Magdalena en el centro, como patrona de la villa.En
el central, Pedro y Pablo, y Nuestra Señora
de los Ángeles. Y en tercero,el apostol Santiago
Peregrino,San Buenaventura y San Antonio de Padua.
Al salir del pueblo podremos avituallarnos de agua
saludable y fresca en la Fuente de los Romeros; y
hasta es posible que nos inviten a un buen trago de
vino de sus bodegas. De inmediato, nos toparemos con
el Rollo, próximo al Cerro de los Templarios.
La villa posee aún viejas casonas, herencia
de su pasado. Cabe destacar por su conservación
la propiedad del conde de Hervías, y que aquí
mostramos con detalle. Nótese la leyenda grabada
en la piedra de los pequeños minaretes del
edificio adjunto a la casona.
SANTO DOMINGO DE LA CALZADA
Este pueblo estuvo ligado al Camino de Santiago desde
sus orígenes en el siglo XI. Calzada significa
sendero o camino. Santo Domingo, un joven pastor oriundo
de la región, se educó en el monasterio
de Valvanera y solicitó entrar en el famoso
monasterio de San Milán de la Cogolla. Rechazada
esta petición, se hizo el ayudante de Gregorio
de Ostia, el legado papal, quien le ordenó
sacerdote.
A la muerte de Gregorio, Domingo se retiró
al río Oja para llevar vida de ermitaño
y asistir a los peregrinos que iban hacia Compostela.
Se le llama "de la Calzada" por su determinada
labor de mantener y mejorar el la vieja calzada romana
que pasaba entre Nájera y Redecilla del Camino
para facilitar el paso de los romeros. En el año
1044 construyó un puente sobre el río
Oja, la más conocida de toda una serie de puentes
que hizo sobre ríos, arroyos y barrancos. También
edificó una capilla dedicada a Santa María,
un hospital y un albergue de peregrinos, hoy restaurado
como Parador Nacional de Turismo.
Al apoderarse de la Rioja en 1076, Alfonso VI de
Castilla, viendo que el desarrollo del Camino contribuía
a su proyecto de la castellanización de esta
zona, se hizo partidario del santo, de sus obras,
y de su villa. El "burgo" de Santo Domingo
de la Calzada empezó como unas pocas casas
construidas en torno a la ermita del santo durante
su vida. Al morir Domingo en 1109, se veía
muy crecida la población. La iglesia de Santo
Domingo de la Calzada, en la que fue enterrado, fue
elevada al rango de catedral poco después.
Las buenas obras de Santo Domingo a favor de los
peregrinos de Santiago no paarecen haber cesado con
su muerte. Varias milagrosas curaciones de peregrinos,
ocurridas en la villa, se atribuyen a la influencia
de Domingo. Tal fue el caso de la curación
del caballero francés poseído por el
demonio que fue librado del espíritu maligno
ante el sepulcro del santo; o la de Bernardo, un peregrino
alemán del siglo XV que se curó de una
infección purulenta de los ojos al visitar
la tumba de Santo Domingo; o el normando que recobró
la vista en aquel santo lugar. Un juego de nueve tablas
pintadas hoy adorna una pared de la catedral y recuerda
los milagros de Santo Domingo.
Grañón se precia de ser la última
localidad riojana del Camino de Santiago, la que entrega
el testigo jacobeo a la vecina Castilla. Nació
esta villa en los siglos oscuros de la Edad Media
por y para el Camino, cuando sus habitantes decidieron
bajar del cerro donde se situaba su castillo y poblar
el llano. Como Rómulo, sus gentes dibujaron
con tiralíneas urbanístico la primera
arteria y a ambos lados de la calle trazaron las parcelas
donde se levantarían sus hogares.
Hoy, todavía, se mantiene el plano medieval
a pesar de que la villa creció y creció
a lo largo de los siglos. Su riqueza también
se incremento con el transcurrir del tiempo y fruto
de ello son los edificios religiosos que se conservan.
Uno de ellos, la parroquial de San Juan Bautista,
construido en un gótico muy sobrio, fue adornado
en el siglo XVI con uno de los retablos más
hermosos nacidos de las manos de los Forment, Beaugrant
y otros afamados escultores del Renacimiento.
La decadencia económica de Grañón,
fruto de una mala planificación agrícola
y de la consiguiente emigración a partir de
los años 60 de este siglo y el deterioro de
sus obras de arte, debido al desinterés general,
hacían de la Villa un lugar sólo conoci-do
por sus habitantes de hecho y los que desde el lugar
de emigración acudían a pasar el verano.