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Real Capilla y Parroquia de la Santa Cruz.
Desde principios del siglo XII la parroquia se ubicó
en una capilla de la iglesia del monasterio de Santa
María la Real. Debido a los constantes conflictos
entre los monjes y los clérigos, estos últimos
obtienen en 1552 una bula de Julio II que autoriza
la construcción de una nueva parroquia fuera
del monasterio. Las obras comienzan inmediatamente,
pero en 1587 se decide mejorar la fábrica.
Se construye entonces una iglesia con planta de salón,
de tres naves con tres tramos de igual altura, crucero
y ábside. Se consagra en 1611, aunque las obras
no se rematan hasta 1634. Dos años más
tarde, con la iglesia llena de parroquianos, se hunde
toda la pared derecha de la nave. Las reparaciones
no terminan hasta 1644.
Posteriormente se producen otras obras complementarias:
entre 1651 y 1660 se construye la sacristía,
en 1675 la capilla de San Prudencio, y en 1682 la
torre y la cúpula del crucero. Está
declarada Monumento Nacional.
El altar mayor está presidido por un cristo
romanista tallado hacia 1590. A su izquierda se encuentra
un San Miguel del S. XVIII y a la derecha San Jaime.
Recuerdan ambos las dos parroquias najerinas ya desaparecidas.
El conjunto se completa con una virgen sedente, talla
hispano flamenco de finales del s. XIV.
En el resto de altares y capillas se encuentran piezas
de notable interés, como el crucifijo gótico
de finales del s. XIII, dos cobres flamencos del s.
XVII, y el formidable conjunto de relicarios con los
restos de San Prudencio de Armentia, obispo de Tarazona
y patrón de Nájera, los mártires
Juan, Ciro y Antígono, o un Lignum Crucis entre
otros.
Convento de Santa Elena.
Habitado por una comunidad de clausura de Clarisas,
el Convento y la iglesia de Santa Elena fue mandado
construir por doña Aldonza Manrique de Lara
a mediados del siglo XVI, aunque los restos más
antiguos que se conservan son de principios del siglo
XVII.
La iglesia es una nave de cuatro tramos, en forma
de cruz latina, construida sobre diez pilastras toscanas.
En el presbiterio tiene el altar mayor con un retablo
barroco de tres calles y ático redondo con
salomónicas pareadas con uvas y figuras en
relieve de varios santos e imagen a tamaño
natural de la titular, Santa Elena.
El coro bajo está cerrado como clausura por
una gran reja de hierro y en su interior está
la sillería y diversos lienzos de los siglos
XVII y XVIII.
En el convento de clausura se conservan diversas obras
de arte como un relicario de plata repujada con motivos
indígenas que regaló el Conde de Superunda,
don José Manso Velasco y Torres, a la Abadesa,
su hermana, siendo el primero Virrey del Perú
y ambos naturales de Torrecilla de Cameros.
Capilla de la Madre de Dios. Adosada al convento de Santa Elena, la capilla fue
mandada construir por don Rodrigo Jiménez de
Cabredo como lugar de enterramiento para él
y para los miembros de su familia.
El edificio, de sillería, consta de una sola
nave de dos tramos con capillas a toda la altura.
En la cabecera, a ambos lados del altar mayor se encuentran
dos nichos pertenecientes al fundador y a dos hermanos
y, en la parte central, un retablo barroco de 1690.
La capilla es propiedad de los herederos del fundador,
y no está abierta al público. |